Para mi una combinación explosiva siempre fue la tranquilidad de Asturias escuchando la música de Sinatra, eso siempre fue absolutamente maravilloso. Esa melancolía del clima asturiano, esos cielos densos de grises combinados con esa naturaleza de verdes profundos y la humedad me inspiraron una infinidad en mi pintura. Esos chigres a los que llaman parroquias donde se reunen todos, ese olor abundante a sidra y vino tinto, esos ambientes de camadería y alegría por la vida siempre han sido mis más entrañables recuerdos de esa parte del norte español.
La ciudad de Gijón en Asturias siempre me pareció otro mundo lejos del mundo real, porque tiene el color de los sueños cuando duermes, y sumando a eso una atmosfera marinera donde se puede percibir en cada rincón la inmensidad de una mar cantábrico abarrotado de mágia y emociónes absolutamente indescriptibles. En ese lugar, en Gijón viví lo mejor de mi juventud con una libertad llena de poder y misterio, todas las personas que me rodearon tuvieron un papel alucinante en mi vida, que me influye hasta el día de hoy. Porque la noche gijonesa en esos tiempos nunca tuvo un fin hasta que llegaban los amaneceres llenos de la bruma romántica que me exigía pintar una romántica novedad.
Me ha parecido reiteradamente que si una persona es nativa de Gijón y nunca ha vivido en otras partes del mundo jamás valorará ese lugar, eso es totalmente normal, pero también es calamitoso, porque es sin duda el mejor sitio del mundo para vivir.
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